Exceso de muertos
No sé cuándo comencé a tener el concepto de muerte en mi psique, ni cómo uno se da cuenta de que hay temporalidad en las cosas. Puedo recordar sucesos en los que la "muerte" como concepto se estableció en mí: mascotas que fallecieron, quizá fue mi primer acercamiento a ese concepto y a todo lo que conlleva digerir que las cosas se mueren, desaparecen ante nuestros ojos y el tiempo se encarga de guardar o cubrir todo con el tiempo. Hoy puedo hablarlo desde una perspectiva esperanzadora; para mí, el morir es la única verdad a la cual podemos creer fielmente. Al final, todo se termina, ya sea físico o etéreo, y no me causa estragos. De alguna manera u otra tenemos que trascender, y el morir es parte de eso. No conozco algo que no haya o tenga fin; hasta Dios puede morir desde aspectos de la termodinámica o en la fantasía. Todo eso, como lo comento, me da una paz interna. Los dolores, pensamientos… espero que cuando nuestra forma física desaparezca encuentren final; digo, al final nuestra "carcasa física" es la que nos hace percibir y sentir el mundo en el que, irónicamente, "vivimos".
Pero aquí no acaba el tema. ¿Qué pasa cuando la muerte se hace "costumbre" como sociedad? Si bien en donde vivo, México, tiende a la tradición y el culto hacia la muerte —quizá por lo mismo que siento yo, que es una regla irrefutable—, hace años que veo altares a la Santa Muerte. Es más, yo estoy encomendado a ese "culto". Observo el culto, no me identifico con él, pero es, en cierta medida, hermoso: una mezcla de muchas cosas, catolicismo, rollos prehispánicos e ideas modernas. El humano siempre tiende a entregarse a ideas más "grandes" que uno, y hacerlo con la muerte es muy "sensato" ante mis ojos, y está bien hasta cierta medida. Es un culto que usualmente está arraigado entre los estatus más "bajos" de la sociedad, pero he visto y conozco gente de todo tipo que le rinde culto; entonces, el estigma que conlleva ser parte o creyente de esto se derrumba. Ser delincuente, narco, sicario, pobre o "jodido" ya no forma parte de eso; es una universalidad de pensamiento y eso me agrada en demasía. Ricos, pobres, van y se entrevistan al final con la figura del culto, la verdad verdadera haciéndose presente.
Mi curiosidad me lleva más allá de un culto o de mi primer acercamiento al concepto. La idea de que la muerte se hace costumbre en sí es "dócil", pero cuando esas muertes atentan a la naturaleza del ser y se vuelcan a lo "violento" es donde comienza a dar una suerte de miedo "popular". Eso me atañe mucho a esta ilustración, ¿no?
Cuando la violencia sistemática del país se vuelve un arma de control y lo normalizamos… normalizar la muerte está bien, pero normalizar las causas que nos llevan a esa muerte es lo complicado. Hace unos días vi un video en donde un grupo delictivo asesina y descuartiza a dos hombres; la escena dantesca me revolvió un poco la entraña, y eso se me hizo raro en mí. Soy un vato que creció con el internet de finales de los 90 y principios de los 2000; vi cosas que me volvieron insensible y normalicé ver tanta sangre y muerte de maneras grotescas. Esa misma insensibilidad me regresó con los años esa "sensibilidad", quizá por la conciencia, la edad o los miedos de terminar así, aunque yo no me dedique al narco. Al final, he visto tanto, he vivido tanto esa muerte tan violenta, que todo eso me respira en la nuca; es aterrador y triste. Me siento oprimido por lo que veo y vivo todos los días en las calles, en las redes.
Recuerdo mucho el pasado cuando escribo. Ha pasado tan poco tiempo desde que inicié a conceptualizar y pretender "entender" el mundo, y por eso las bases siempre son el "pasado". La primera persona que vi sin vida fue a mi abuelo, en su habitación, con la boca abierta; su piel era amarillenta, casi blanca; ojos cerrados como si una pesa los hubiera cerrado. Mi padre y mis tíos a su lado lloraban… se había ido físicamente, había muerto su forma física y eso era triste. Ya no existía su voz ni sus movimientos; estaba muerto de una manera "natural". Recuerdo que mi padre me dijo que subiera a mi habitación; no sabía cómo tomar eso. Subí y le dije a mi hermana mayor que el abuelo había muerto; quizá ya entendía, pero no era consciente. Nos pusimos a ver la tele, "Cony la vaquita", disfrazaba los llantos que viajaban por la casa; iban llegando mis otros tíos y tías, llorando. Era raro; era fin de año del 2001. Recibí el año nuevo en casa de una tía; ella era muy obesa y comían muchos lácteos. Sabía que había muerto el abuelo, pero no sabía por qué me escondían la muerte.
La primera muerte "violenta" en vivo que pude observar fue un tiempo después. Íbamos mucho a un tianguis por mi casa; era sábado y mi papá siempre se estacionaba muchas cuadras antes, y nos tocaba caminar esas cuadras. Ese día había algo de tráfico en la avenida y justo caminamos por ahí. Recuerdo que íbamos en el carro y había un camión parado; pasamos por un lado y pude ver a un hombre tirado entre las llantas del camión. Su rostro no reflejaba incomodidad; cierta bondad se reflejaba en ese rostro inerte. De su nariz se desprendía un hilo fino de sangre; el pavimento decía otras cosas: un lago de líquido rojo empapaba la base de su cuerpo, su ropa absorbía un poco de esa sangre. Era moreno, con pelo chino… lo recuerdo bien. Mi madre nos dijo que nos volteáramos a otro lado, como privándonos de algo que en el futuro se nos haría costumbre. El hombre atropellado, quizá por su inclemencia o la del conductor del camión, me mostró la otra cara de la moneda: "la gente muere de formas violentas". Antes de eso yo pensaba que el sexo solo se hacía en las noches y que la muerte solo sucedía en nuestras camas… bonita alegoría para cuando se pretende dar vida y cuando se termina, ¿no? Era un niño, y los niños crean conceptos hermosos; extraño esa inocencia en cierta manera.
Después siguió mi abuela Andrea; no estuve presente en su muerte y recuerdo muy poco, pero recuerdo el estrago de la muerte en mi madre. A mi madre se le había muerto la suya casi en sus brazos; para ella fue algo "traumático", y lo que posteriormente mostró en casa fue algo que para mí fue una gran enseñanza. Después de la muerte hay una seguidilla de acciones bruscas; después entendí que se llama "duelo", y a mí eso antes me daba mucho miedo. Después entendí que es parte del entendimiento de esta vida y que es normal. Lo pesado es para los que nos quedamos en este plano físico; fueron días tristes hasta para mí. Luego falleció mi tío Carlos; recuerdo la llamada en la madrugada y el llanto de mi madre… la seguidilla de muertes en ese tiempo fue por enfermedades. Entonces entendí que la gente muere por enfermedad y eso me asentó más el concepto de la muerte, y me movió aún más: no solo se muere en paz, se muere con anuncio y hay veces que de forma violenta… ¿cuántas formas hay de morir? me preguntaba.
Siguió Antonio, el padre de mi mamá; más de lo mismo, pero por primera vez pude ver a un muerto de cerca. Tengo buenos recuerdos de mi abuelo Antonio; era gracioso. Yo era un niño y él un viejo, y verme reflejado en él, con sus comportamientos de infante, me hacía bastante gracia. Su vida fue difícil; no me quejo de él, para mí fue un buen abuelo. Me hubiera gustado hablar más con él, pero de nuevo el tiempo y la enfermedad lo encaminaron al destino. Recuerdo cuando lo vi en el cajón, un cajón de madera con apariencia de "roble", con mucho barniz; estaba en su casa, con la ventana del ataúd abierta. Me asomé y lo vi… ya no era él. La gravedad hacía su trabajo, y recuerdo mucho sus labios, los tenía como pegados con kola loka. Fue incómodo ver a un ser querido en la situación de "inerte", sin vida. Es raro: cuando uno tiene sus funciones biológicas activas te ves "vivo", y cuando no… parecen ser muñecos. Es raro… ahí entendí que nuestro cuerpo era solo una carcasa; Antonio ya no habitaba ese cuerpo, ya no había nadie ahí.
Le siguió Maguito, abuela de mi primo y mejor amigo. Murió y el ciclo se repetía: sus hijos tristes, los niños sin saber qué rollo. A Maguito la vi en el ataúd afuera del templo; me causó mucho miedo. Ya estaba más grande, estaba en la secundaria; regresé a llorar a mi casa, me senté en el sillón y mi mamá me preguntó si me sentía mal. Le dije que sí y me puse a llorar… estaba experimentando tristeza, ya entendía más o menos eso del duelo, y fue muy raro porque se me pasó a los días. Y así puedo seguir con gente que murió. Dejé de ir a los velorios, me cerré en ese aspecto; en esos días me daba miedo morir, me invadía la idea de saber qué se sentía morir, y eso no estaba nada cool.
Pasó el tiempo; la violencia llegó a donde vivía e internet no me ayudaba en nada. Miraba videos de asesinatos, accidentes y toda clase de basura; pensaba en algo como: "si veo eso me creo una barrera (insensibilidad) para cualquier suceso". Funcionó en cierta manera, pero después se hizo insostenible.
En la universidad tenía un hobby: recolectar "basura" metropolitana. Toda clase de fotos, basura, afiches, notas, objetos, credenciales; todo lo guardaba porque pensaba que para algo me iban a funcionar. Aún tengo el "archivo" que generé en esos años. De la nada comenzaron a aparecer letreros de gente desaparecida, hoy en día llamadas "fichas de búsqueda", un término muy alojado en la psique del mexicano. Encontré una ficha de búsqueda de una chica joven, todos sus datos y una foto de ella; arranqué el afiche y me lo llevé. Con el paso del tiempo toda la ciudad estaba repleta de un chingo de esas fichas de búsqueda, de jóvenes, ancianos, niños; era aterrador. Dejé de juntar cosas en la calle, me daba miedo. Hoy en día eso es insostenible; es solo buscar qué rollo con los "desaparecidos" en Jalisco para saber qué pedo con esto. Es terrible.
No tengo palabras ni las circunstancias para hablar de la situación; es un tema candente y delicado porque la delincuencia organizada y sus negocios están inmiscuidos en esto. Si bien la mayoría de esa gente o está muerta, trabajando para ellos o siendo parte de la trata de personas, eso me atañe a la ilustración que presento: "Exceso de muertos". Tomando como referencia los "sellos de seguridad" que el gobierno impuso a los productos, es raro toparte con algo que en un tiempo funcionaba como algo "sano" y ahora resulta que es veneno; quizá siempre lo fue. Ahora nos lo muestran en la cara y lo venden en todos lados, como la muerte en el país: está entre nosotros. Yo tengo familia desaparecida y es tan normal hoy en día como ir a comprar un pan dulce. Me encantaría llenar la ciudad con este sello, evidenciar que la ciudad, el país, está lleno de muertos y es un sello que se imprime en nuestra sociedad: una sociedad enferma, ineficiente y llena de odio e indiferencia.
¿Y qué se hace? Pues lo mismo que cuando vamos a comprar una cajetilla de cigarros: sabemos que mata, pero lo compramos. Cuando escucho hablar a los políticos es lo mismo; deberían llevar un sello de "exceso de mentiras" y aun así la banda les cree. Lo mismo con la violencia: no hacemos nada hasta que nos sucede a nosotros. Entiendo que no se hace algo en "sociedad" cuando algo es insostenible y afecta a la mayoría; ahí es cuando se hace un alzamiento, pero… ¿no es suficiente vivir en un estado lleno de terror e inseguridad? ¿O solo nos afecta a unos cuantos? ¿Hasta cuándo es suficiente para actuar? ¿Que nos maten a un hermano, nos desaparezcan a un padre? No lo entiendo. Lo que entiendo es que hay exceso de muchas cosas y que no me quiero morir por la locura de otros; me he de morir con la tranquilidad de que mis acciones me llevaron a morir, destazado o por pendejo.
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