Crudo
Anciedad / Origen de CRUDO
CRUDO nació hace años, casi sin querer, en el eco de una exposición que nunca pude ver en persona.
Mi primera muestra fuera de México se llamó "Colors": una serie dividida por gamas —Yellow, Red, Blue, Green, Blue y Black Line.
Fue creada y gestionada bajo el nombre de “El Don”, mi seudónimo más colorido, una versión de mí mismo que en su momento me permitió explorar sin miedo, pero que con el tiempo se volvió una máscara.
El Don me cubría, pero también me limitaba; me impedía mostrar lo que realmente soy.
De toda esa serie, solo “RED” llegó a exhibirse en Alemania. Allá imprimieron, gestionaron, exhibieron... y vendieron.
Yo no estuve. No tenía dinero para ir, y tampoco me invitaron. Desde México lo viví con una mezcla de orgullo y vacío. Alemania, pensé, es una cuna rara para las cosas raras.
Al mismo tiempo hice un open studio en mi casa, en el espacio donde antes murió mi abuelo. Me lo apropié.
Lo transformé en mi estudio, mi prisión y mi refugio. Ese lugar está lleno de santos y demonios, figuras que miran y callan, una especie de altar al contraste entre el bien y el mal.
Ahí empezó a tomar forma otra idea: "Black Line", la serie que cerraba Colors y que nunca se mostró.
"Black Line" era lo opuesto al color. Solo línea negra sobre blanco, dibujos simples, viscerales, como apuntes de cuaderno.
En ellos aparecían la violencia, la corrupción, la cotidianidad mexicana en su forma más descarnada.
Con el tiempo entendí que lo “mexicano” de esa crudeza era, en realidad, universal.
La brutalidad viaja sin pasaporte.
Durante ese mismo periodo, me diagnosticaron trastorno de ansiedad generalizada.
El encierro, el Covid, la pérdida del gusto, del olfato, y de mí mismo, me empujaron a una etapa oscura.
Lo que antes era línea se convirtió en síntoma; lo que antes era color se volvió carne.
Ahí apareció una palabra que se me quedó tatuada: CRUDO.
Crudo como el amanecer después de una noche de alcohol.
Crudo como la carne colgando en el rastro.
Crudo como los videos prohibidos que muestran lo que nadie quiere mirar.
Crudo como la verdad.
“Crudo” era la ansiedad transformada en lenguaje.
Era mi forma de reconocer que me estaba destruyendo, pero al mismo tiempo encontrando una nueva vitalidad en esa destrucción.
Desde entonces, CRUDO creció como un taller, como un manifiesto y como una muestra colectiva.
Un ejercicio de apropiación visual y emocional.
Nace de la ambigüedad de mi posición: pertenecer y no pertenecer.
Ser parte de la clase media que aspira, observa, trabaja, pero sigue viviendo con la calle a la vuelta de la esquina.
Ver la violencia, la pobreza, la corrupción, el mercado del arte podrido, los amigos perdidos en drogas baratas y, aun así, tener el privilegio de volver a casa, imprimir, dibujar y seguir creando sin vender nada.
El resto de Colors, incluyendo Black Line, permanece inédito.
Hasta hoy, solo “RED” ha sido mostrada, y fue en Alemania.
Cinco años después de haber concebido aquella idea, CRUDO finalmente se presenta al público en noviembre de 2025, como una forma de cerrar ese ciclo y abrir otro.
Las demás series aún esperan su momento; algunas obras necesitan permanecer en silencio hasta que encuentren la mirada que las despierte.
CRUDO es, en el fondo, una conversación conmigo mismo.
Un llamado de atención, una advertencia, un espejo.
Y si en esa estela alguien más se detiene a mirar, a cuestionar o a sentir algo, entonces la conversación se vuelve colectiva.
Porque no es solo mía.
Porque todo esto —la imagen, la calle, la ansiedad, el arte— es de todos.
En algunas de las obras de CRUDO aparecen temas directamente vinculados a la ansiedad, a esa sensación de desborde y vacío que detonó el proyecto.
El resto nace del grifo abierto, de lo que surgió después: impulsos, observaciones, desahogos, ironías y gestos que se fueron acumulando sin filtro.
Cada pieza tiene su propio pulso y su motivo, y en la muestra habrá una perspectiva personal sobre cada una: una lectura íntima, más cercana a un comentario desde mi experiencia que a una interpretación formal.
Porque, al final, Crudo es eso: un cuerpo de obra que se explica desde lo que siento, no desde lo que debería decir.
El proyecto
CRUDO es un proyecto que nace de una idea gestada hace años: la necesidad de hablar sobre la apropiación, la imagen y la resistencia visual.
Con el tiempo, esta inquietud se transformó en un taller, un espacio de creación colectiva donde la imagen se roba, se resignifica y se libera.
El proceso culmina en una muestra abierta, una exposición viva del trabajo realizado: carteles, intervenciones y mensajes que salen del papel para habitar la calle.
CRUDO se desarrolla en cuatro fases —El robo, la resignificación, la elaboración y la retribución— que funcionan como un mapa conceptual y práctico.
Cada participante busca, transforma y produce una imagen propia a partir de materiales existentes, entendiendo el acto creativo como un gesto político.
El proyecto propone repensar la imagen no como propiedad, sino como lenguaje común.
Aquí, “robar” es un acto de reflexión, una forma de mirar el mundo con otros ojos, de construir nuevos significados desde lo que ya está.
En su esencia, CRUDO reivindica la imagen como documento, como consigna y como arma poética.
Rechaza la privatización del arte y apuesta por la calle, el ruido, el pegamento, la memoria compartida.
Es un ejercicio de comunidad visual, una declaración de que la cultura no pertenece a nadie: es de todos, y se transforma cada vez que alguien la toca.
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