El panque
Hace años que, desde el emblema que me creó la niñita del pan dulce en Jalisco, de morro me causaba una incomodidad extraña.
Después leí algo sobre el porqué de esa imagen; Internet siempre te da percepciones raras y dudas que jamás me han dejado satisfecho.
Leí que es la hija del señor que fundó la panificadora, que se llama Cristi; que en la leyenda urbana de la ciudad la niña se perdió y por eso ponían su foto para ver si alguien la encontraba; otra versión dice que la niña murió y que era una foto póstuma en honor a la hija.
Al final alguien me dijo que en realidad sí se llama Cristi, que sí era hija del señor y que ahora ella maneja el negocio.
Antes usaba mi rostro para “patrocinar” mi trabajo; quizá de ahí nació esa idea, ese misterio que engloba un marketing y una presentación “diferente”. Sin duda la envoltura será inmortal.
Me atañe eso: fusionar el símbolo popular para desquitar mi furia con la idea pendeja de crear también mi versión del porqué de esa pinche imagen —el inicio del robo, de la apropiación.
En realidad no es tan malo el producto que ellos venden; rara vez me trago un pan o cosas dulces, me empalago muy rápido, no solo con el pan, sino con ideas...
Cristi es un ejercicio de la mentira, de la apropiación.
Realmente no tiene nada de maravilloso, se ve pendejo... me gusta porque se mete con mi memoria, con mis recuerdos.
Decidí hacer un cartel distinto, usando esa misma imagen que ya he “usado” para varias cosas. La primera vez que la usé fue para estampar una gorra: las puse como demonios con la leyenda “Viva Cristo Rey”. En ese momento solo quería hacer una prueba de impresión y lo primero que se me vino a la mente fue la carita verde de la niña; me evocaba estilo sin función, algo chistoso.
Cristi, si alguna ves lees esto , no le pongas tanta azucar a tus panes.
Comentarios
Publicar un comentario