Corintios 6:13

 

"Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para la gloria de el Señor, y el Señor para el cuerpo."

"Una vianda" se refiere a una comida completa y preparada para ser llevada, o al recipiente que la contiene."



En Corintios 6:13 fue una revelación total, una de las ilustraciones más poéticas y, en ese caso, más “armadas a conciencia” desde lo académico y técnico de Ingres, un pintor francés de apellido impronunciable sin parecer que te está dando un derrame cerebral…

La Biblia y los juguetes sexuales —que han tenido un auge público los últimos años— y claro, eso dicta mucho más que mercadotecnia o “liberación sexual”, no solo en la mujer.
Pero en este caso quise unir, en una forma de collage conceptual, muchas de las cosas que me apasionan: la historia, pintores rancios que pintaban muy bien, y el contrapolar figuras de poder en escenarios fuera de lo común… para intentar entender la idea que tenía en mi cabeza en ese momento.

En principio, el versículo de la Biblia surgió en mi mente un día, como revelación (asiduas a mí). Información que, rezagada en mi memoria, haya la manera de salir a mi consciente, y desde mis ojos puedo leer frases, o algo que me haga buscar eso.
En este caso, vi “Corintios 6:13” en una letra chola. Así surgió en mi mente, y quizá por casualidades del destino, mi subconsciente, epifanía o porque estoy desarrollando alguna enfermedad mental (otra más al costal), lo busqué, lo leí, me reí y comí algo después.

Era gracioso, temerario y muy revelador.
Para mí, Pablo (el apóstol) me hablaba de la mortalidad del cuerpo, y que ese tal “Señor” era un pinche egoísta.
No podemos retener el placer, y eso es bastante triste siendo un simple mortal cuyo cuerpo le pertenece a la “Gloria de Dios”.

Quisiera conocer a esa Gloria o a ese Dios y explicarle lo lindo que es comer comida chatarra, fornicar y caer en cuenta que lo magnífico es efímero.
Terminé pensando en eso, que quizá siempre ese “Dios” ha estado ahí, en lo efímero del placer.
Por eso dura tan poco, por eso se acaba, por eso morimos: porque no somos dignos de compartir la “gracia” de Dios… al menos que te metas metanfetamina o algo que altere tu cerebro.

Me quedé pensando mucho en eso, en las cosas que me daban placer y en las cosas que a la gente le daban placer; en lo que a los griegos les daría placer (coger con cabras, cisnes, adulterio y pedofilia).
Y recurrí a mi ya habitual búsqueda de imágenes para mi colección.

Me reencontré con un pintor que en la universidad conocí gracias a que me encerraba en la biblioteca a observar libros, copiar imágenes y, una que otra vez, pretender leer algo que evidentemente no comprendía.
Jean Auguste Dominique Ingres, un pintor francés neoclásico.
Pff… ¿ordinario? No lo sé. ¿Genial? Tampoco.
Siempre me ha gustado observar de todo, pero el neoclásico francés siempre se me hizo muy pedante, burgués.

Desde que leí a Berger, comencé a resentirme con la pintura al óleo desde esos días (hasta que retomé el óleo, sí… soy pintor de profesión).
Pero las temáticas: lo religioso, lo mitológico, el orden, lo virtuoso, las composiciones bien equilibradas, todo bien ejecutado con un trasfondo medio raro de adoctrinamiento donde se exaltaba el heroísmo, los valores y la estética al alcance de muy pocos… me daban un mal rollo.

Más allá de ser un alimento bien dirigido, era casi como papilla para los ojos.
Sí, es muy bello, bajo las reglas estrictas de una estética muy de color blanca.

Me adentré a ver qué más tenía de su obra y me topé con La Vierge adorant l’hostie de 1854.
De nuevo, en un idioma que no conocía, pero la imagen me dio mucha gracia de “Dios”: está la Virgen observando una hostia, se le ve que quiere chingársela, como que trae hambre y dos peleles a sus laterales haciendo las funciones de acólitos.
Me gustó, la guardé y me puse a trabajar en ella.

Recordé el versículo, la empaté con la imagen que me sugería mucho el versículo —sobre todo lo de la comida—.
Lo demás fue pura diversión: un Satisfyer Pro 2, el invento que, si María en su momento lo hubiera tenido, se habría evitado fornicar mágicamente con una puta paloma.

Tecnología que nos llegó tarde, por bien o por mal… pero nos llegó.
Estaba mi idea más completa: la inmortalidad se aprovecha en vida.

Coman y beban todos de él… ¿no?


Porque si hay algo divino en nosotros, no está en el alma, sino en el cuerpo.
En esa chispa fugaz que arde cuando el placer vence al miedo.



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