Dignidad
La dignidad vista en el andar de las personas en las calles siempre ha capturado mi atención. Pensar en la sociedad mexicana como ese ente que camina en común, al ritmo que las grandes ciudades del país marcan como tempo, me provoca una mezcla de tristeza y admiración.
Podremos haber perdido tantas cosas como mexicanos —la memoria, la fe, la calma—, pero aun así el pueblo conserva su dignidad. Lo atroz y violento que ha sido este país desde su concepción no le ha arrebatado a la gente uno de los valores más primitivos del ser humano. Porque creo que la dignidad es lo último que queda cuando todo lo demás se ha ido: esa chispa mínima que nos mantiene “humanos” ante cualquier situación.
El fuego no lo destruye, lo revela.
Camina entre las ruinas del país, de la fe, del arte, del amor, pero sigue caminando.
Arde, pero no se apaga.
Porque en este lugar —entre el polvo, el ruido y el cinismo— tener dignidad ya es un acto de resistencia.
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