Jupiter y Tetis
El hombre no solo cuelga noticias.Clava un mito.
Debajo de los rostros del poder —los modernos dioses de la política, la fe y la televisión— fija el fragmento de Júpiter y Tetis de Ingres, pintor francés neoclásico, para recordarnos que el gesto de implorar nunca ha cambiado.
Tetis rogó por justicia, y el dios, eterno y sereno, apenas la miró.
Siglos después, seguimos hablando al mismo silencio.
El hombre del muro lo sabe: por eso coloca el rostro de Júpiter entre titulares de masacres, de promesas rotas y redenciones fallidas.Es un diálogo entre tiempos, una súplica que se repite con distintos nombres.Su acto no es devoción, es advertencia.
Nos dice: “Esto ya pasó, y vuelve a pasar.”
Que el poder —sea divino, político o mediático— conserva el mismo gesto inmóvil,
mientras el pueblo, agotado, aún espera justicia, aún espera ayuda, aún espera el cambio.
El mito se vuelve espejo.
México, Tetis.
Júpiter, el poder que promete pero no actúa.
El cronista no pide fe, sino memoria: clava el pasado sobre el presente para que entendamos que el cielo no baja, y el ruego sigue siendo nuestro.
Y arriba, Lucifer.
Un fragmento tomado del fresco El Juicio Final de Modena, donde el ángel caído sostiene a los condenados en su vientre ardiente para depsues desecharlos "purificados".
Ya no como castigo, sino como refugio: el dios que no escucha arriba, es el que abajo contiene a los que nadie quiso escuchar.
Entre ambos, el cronista —quien pega los afiches, quien recoge las voces— guarda el punto medio, ese territorio incierto de los desamparados.
Ahí donde la fe se quiebra, nace otra forma de esperanza.
Y la obra, como él, solo puede decirnos: cuando el fuego ya no quema, la luz también ilumina abajo.
Osea , aun hay esperanza ante la omision de los dioses , el cobijo de lo maldito y tal como el cronista no pierden la humanidad ente la barbarie del hombre y la humillacion del silencio.
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