Las responsabilidades

 


Las responsabilidades

(me pregunto y me respondo yo solo)


No es raro que un olor me remita a algo que estoy a punto de digerir.

Hay uno muy específico: el de un local del mercado donde venden derivados del plástico. Hay veces que pasa un señor ofreciendo el producto,de una bolsa transparente —lo cual ya es ilógico, guardar bolsas dentro de otra bolsa— y de ahí salen las que terminarán conteniendo nuestros desechos.

Bolsas negras.

Por costumbre, o por una normativa implícita, ahí es donde va “lo que ya no sirve”.

Las bolsas negras de basura siempre han tenido un olor muy característico

¿por qué?

Porque están hechas de desechos de otros plásticos.

Una especie de “ecología”: reutilizar lo que ya no funciona. Desde su función, proceso y fabricación, la bolsa de basura ya carga una historia previa ¿no? . JUMBO, grande o mediana… como si nuestros problemas pudieran clasificarse por tamaño mientras permanecen fuera de la vista de los vecinos, de la sociedad en general.

Nuestra basura es privada… según eso.

Hay una regla silenciosa: incluso dentro de la suciedad existe el secreto. Sabemos lo que termina ahí dentro: cagada de perro, comida podrida, papeles manchados, restos de nuestra propia salud, si somos beodos… Si fueran transparentes sería vergonzoso. Sabríamos qué come el vecino, si está enfermo, si algo no va bien en su casa.

La bolsa negra no solo contiene basura: contiene biografía.

Entonces aparece la pregunta:

¿qué pasa con nuestras “responsabilidades” cuando no las cumplimos?

Las ocultamos… pienso.


Las cubrimos igual que cubrimos la basura: para que nadie sospeche que nos hemos fallado a nosotros mismos.

Es una metáfora potente.

Cuando la basura se acumula, APESTA.

El olor insiste. La podredumbre avanza y el tiempo vuelve inevitable mirar lo que intentamos ignorar.Pero pasa algo peor: uno se acostumbra al olor.

Y entonces empezamos a cargar bolsas por todas partes, dejando rastros de lo que no resolvimos.

¿Quién quiere vivir en un lugar lleno de bolsas de basura?

¿Quién quiere estar con alguien que carga toneladas a sus espaldas vertiendo podredumbre por donde pasa?

¿Hasta qué punto uno se da cuenta de cuánta basura ha almacenado dentro de sí?

Y ese no és el embrollo: la idea central es la responsabilidad de cargar y tirar eso que nos vuelve errantes de responsabilidad.

Todo esto me lleva a pensar en una terapia que nunca ocurrió.

Me digo:

“si no pienso en algo, ya no está”.

Y en mi cabeza alguien responde:

—Claro que está.

Lo que no enfrentas no se elimina. Se guarda… y además se guarda activo.

Me quedo callado.

—A eso se le llama represión(Freud jaja).

Entonces intento entender:

la bolsa negra no elimina la basura… solo la saca de tu vista.

—El olor es el síntoma —aparece otra voz—.

Es la forma en que regresa.

Ahí ya no me están hablando de basura.

Me están hablando de mí.


No es la comida podrida.

Son las decisiones que evito.

Lo que sé que tengo que arreglar y voy pateando.

—No guardas solo lo que te duele —continúa la voz—. Guardas lo que contradice la persona que crees ser.(Jung jaja)

Intento justificarme:

“bueno… todos hacen eso”.

—Exacto —aparece otra—. Por eso funciona.

—¿qué funciona?

—La normalidad.

Las personas necesitan verse ordenadas. La sociedad también.( Bauman jaja)

Entonces todo lo incómodo se aparta.

Problemas. Culpa. Fracasos.

Alguien siempre termina cargando lo que otro no quiso mirar.

Y ahí me cae algo interesante:

si todos sacamos la basura…

¿Quién se hace responsable?

Porque alguien la recoge.

Y ahí está el truco.

No desaparece.

Solo deja de ser tuya.

Abrimos, tiramos, cerramos la puerta… y ya.

No la miramos.

No pensamos qué pusimos ahí.

No aceptamos que salió de nosotros.

Escondemos la basura para que no huela.

La escondemos para no reconocer que la producimos.

Y lo peor:

uno puede acostumbrarse al olor.

El olor deja de molestarte…

y cuando pasa eso ya no sabes cuánto llevas cargando.

La responsabilidad no es no ensuciar.

La responsabilidad es admitir:

“esto sí es mío.”

Porque lo que no atiendes en tu vida no desaparece.

Solo cambia de lugar.

Y tarde o temprano… regresa.



Tenemos nuestra basura.

se pá re mos la.


Al final vivo con el hecho de que tal vez la gente no entienda lo que para mi es obvio pero  en el enojo mantengo la esperanza de la “corrección” 

Me levanto del sillón , me tiro un pedo en el consultorio ficticio y me voy , seguro despues me tome una cerveza y reflexione de eso , no se…




Para mí , gracias Diego , gracias Pichu y para quien lo lea…





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